El secreto para detener el envejecimiento del cerebro

Todo lo que vemos con nuestros ojos, escuchamos con nuestros oídos, olemos a través de nuestro olfato, cualquier cosa que sentimos y cualquier pensamiento o idea que deambula por nuestra mente, todo absolutamente todo es procesado e interpretado por el cerebro. Para cualquier cosa que hagamos como resolver un problema, acordarnos de algo o simplemente intentar adaptarnos a un mundo que por definición es inestable y en constante cambio, necesitamos usar el cerebro.

La implicancia práctica de aceptar que el cerebro es la parte más crítica e importante de nuestro organismo consiste en entender que para ser personas productivas, amables, resilientes y efectivas es imprescindible tener un cerebro saludable.

No es casualidad que las personas con un cerebro sano y plenamente funcional sean las personas más felices, enérgicas y productivas. Por el contrario, los cerebros tóxicos, estresados o avejentados son comunes entre las personas que sufren depresión, apatía, falta de energía, adicciones, fallas en la memoria y de pobre desempeño cognitivo.

Hoy sabemos que es perfectamente posible incrementar radicalmente nuestros niveles de energía, nuestro estado emocional y mejorar funciones cognitivas como la memoria, la creatividad, y la agilidad mental. Es decir, que no estamos condenados a vivir con el cerebro con el que nacimos, o el que supimos conseguir.

Pero es solo cuando logramos optimizar el funcionamiento de nuestro cerebro que logramos acceder a todo nuestro potencial. Si alguno de ustedes experimenta con frecuencia sentirse aletargados, con desgano, cansados e imposibilitados de rendir al máximo, con dificultades para concentrarse o para recordar cosas que antes hacían con mayor facilidad, entonces tienen mucho por mejorar.

La clave para lograrlo descansa en algo denominado NEUROGENESIS y en otro proceso biológico denominado RESPIRACIÓN CELULAR.

El proceso de NEUROGENESIS por su propia etimología (neuro=relativo al cerebro, génesis=origen o principio de una cosa) se refiere a la habilidad de nuestro organismo para producir y fabricar nuevas neuronas, y no es más que la forma que tiene el cerebro para renovarse y para contrarrestar los efectos del envejecimiento.

Aun cuando no sabemos todo lo que quisiéramos sobre los intrincados mecanismos que subyacen a muchas funciones mentales, e incluso qué es lo que determina nuestra individualidad, nuestros talentos o nuestra personalidad, en los últimos cien años la neurociencia ha recopilado una interesante acervo de descubrimientos relativos a la forma en la cual el cerebro se renueva y repara a sí mismo. Gracias a estos avances hoy contamos con un conjunto documentado de acciones que permiten optimizar dicho proceso de NEUROGENESIS.

Mejorar el ritmo al cual nuestro cerebro produce nuevas neuronas (NEUROGENESIS) al tiempo que logramos que las mismas se mantengan saludables y produciendo energía (RESPIRACIÓN CELULAR) constituyen los dos pilares más importantes para mejorar la forma en la cual pensamos, sentimos y nos desenvolvemos en la vida.

La evidencia sugiere (ver los experimentos del Dr. Fred Gage con ratones) que las mayores tasas de neurogénesis junto a células que mantienen su habilidad para producir energía están asociadas con:

  • Mejoras en funciones cognitivas de orden superior (pensamiento abstracto, planificación)
  • Mejoras en la memoria y en el proceso de aprendizaje
  • Mayor resiliencia y regulación emocional
  • Mayor protección contra el estrés, la ansiedad y la depresión
  • Mejor respuesta inmune
  • Mayor vitalidad

Se imaginan poder levantarse todos los días llenos de energía y listos para comerse el día, sentir que pueden responder adecuadamente a las demandas de su vida profesional, poder controlar efectivamente los mayores niveles de estrés, o tener la suficiente energía mental para superar con facilidad los desafíos de la vida académica o profesional? Esto es lo que podemos lograr apuntalando la tasa neurogénesis y la producción de energía intra-celular. Esto no significa que nunca más volveremos a sentirnos cansados, estresados, o que no tendremos eventuales caídas en nuestra productividad. Eso es imposible (por ahora) ya que no somos robots. De lo que se trata es de poder sentirnos mejor el mayor porcentaje del tiempo accediendo a una constante fuente estable de energía física y mental que nos permita operar en un estado de mayor rendimiento (y con menor variabilidad). Cuando logramos esto por añadidura también experimentaremos una mayor calidad de vida y un renovado impulso vital.

Para lograr esto es necesario adoptar un conjunto de actividades y hábitos que estimulan la tasa de neurogénesis al tiempo que evitamos aquellos factores ambientales y de estilo de vida que la reducen. La mayoría de las cosas que debemos hacer en este sentido actúan de manera sinérgica y se amplifican entre sí. Las principales son:

  • Optimizar nuestra nutrición (eliminando ciertas sustancias neurotóxicas como el azúcar, ciertos carbohidratos y la mayoría de alimentos sobre-procesados al tiempo que incrementamos el consumo de verduras, proteínas de calidad y ácidos grasos esenciales)
  • Diseñar un plan calibrado de suplementación natural que incluya los principales micro-nutrientes (vitaminas, minerales y amino-ácidos), sobre todo aquellos que apoyan la función mitocondrial y controlan el estrés oxidativo (radicales libres)
  • Regulación emocional y control efectivo del estrés para reducir la liberación excesiva de hormonas como el cortisol
  • Descanso de calidad y ejercicio regular

Por el contrario, las principales cosas que reducen la tasa de neurogénesis y la capacidad de las células para producir energía son:

  • Elevada toxicidad (metales pesados, sobre-crecimiento bacterial en el sistema digestivo, patógenos, etc.)
  • Elevada producción de radicales libres
  • Inflamación crónica y disfunciones en la respuesta inmune
  • Exposición prolongada o niveles elevados de estrés
  • Consumo de alimentos neurotóxicos
  • Falta de descanso de calidad

Es importante que podamos internalizar esta información ya que solo así aprenderemos a identificar aquello que fomenta la neurogénesis mientras evitamos aquello que la reduce. Hay una sola manera de revertir la pérdida de memoria, el deterioro en las funciones cognitivas y la falta de energía que muchas personas asumen como destino inexorable a medida que envejecen. Es cuando incrementamos la tasa de neurogénesis que logramos logramos acceder a todo nuestro potencial. Cuando le suministramos los insumos correctos al tiempo que evitamos lo que es tóxico, el cerebro puede seguir funcionando óptimamente independientemente de la edad. Por supuesto que las predisposiciones genéticas seguirán jugando un rol ya que existen particularidades y circunstancias que son propias a cada persona, y si bien no todas las personas logran la misma tasa de neurogénesis, las prescripciones que acabamos de detallar siguen siendo válidas ya que se basan en procesos biológicos que son comunes a todos los seres humanos.

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